El Museo del Prado encarga de nuevo una obra original a dos autores de cómic contemporáneos complementando la actualidad académica, en este caso coincidiendo con la primera exposición monográfica de dibujo de Ribera y la publicación del primer catálogo razonado de esta parte de su producción. 

Los autores de Yo asesino, Antonio Altarriba y Keko, desarrollan una intriga perturbadora en este nuevo título con una trama de misterio que tiene las Furias de Ribera como base argumental. Este es el segundo título de cómic editado por el Museo tras El tríptico de los encantados de Max.  Partiendo de las imágenes de Ticio e Ixión de Ribera, que se exponen en la Rotonda Alta de Goya del Museo del Prado (primera planta del edificio Villanueva), Antonio Altarriba y Keko proponen una intriga apasionante que transcurre entre la luz y la oscuridad, la redención y el dolor, la gracia y la penitencia, y el perdón y la furia.

En 1632 José de Ribera, el Españoleto, recibe el encargo de pintar las Furias, un conjunto de cuatro cuadros que representa a los grandes supliciados de la mitología clásica. Se conservan, sufriendo terrible castigo, Ticio e Ixión, pero Sísifo y Tántalo han desaparecido. Nadie sabe cuándo, cómo ni por qué. Osvaldo González Sanmartín, profesor en la Universidad de Salamanca, se ha empeñado en descubrir el misterio, incluso, en reparar la pérdida.   La búsqueda de Osvaldo le llevará a explorar los secretos de la obra de Ribera hasta caer en la obsesión. Nada, ni siquiera el asesinato, se interpondrá en un recorrido martirológico en el que acaba identificándose con todos esos santos sometidos a la crueldad riberiana.

En España se conoció como Furias a cuatro moradores del Hades greco-latino, al que habían sido condenados por haber desafiado a los dioses: Ticio, cuyo hígado devoraba un buitre por intentar violar a una amante de Zeus; Tántalo, castigado a procurarse en vano alimento por servir a su hijo de festín a los dioses; Sísifo, condenado a portar una enorme piedra por haber delatado las infidelidades de Zeus; e Ixión, castigado a dar vueltas sin fin en una rueda por querer seducir a Hera. Ribera convirtió las Furias en el epítome del horror en la pintura e hizo de Nápoles la ciudad donde disfrutaron de mayor predicamento. Aunque Ribera sólo pintó Furias hasta 1635, contribuyeron decisivamente a fijar la imagen de un pintor que se regodeaba en la violencia y el horror, trasladando a su persona la temática de los lienzos. Para ello, se reúne una selección de medio centenar de dibujos, entre los que se encuentran el exquisito Aquiles entre las hijas de Licomedes del Teylers Museum en Haarlem, la Aparición de Cristo resucitado a su madre del Kent History and Library Center, o Hércules descansando de Malta – estos últimos dos que nunca se han expuesto en España-, junto a diez pinturas y un pequeño repertorio de aguafuertes, procedentes de instituciones y colecciones particulares norteamericanas y europeas.

altamira y keko

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